domingo, 17 de diciembre de 2006

Homeless



A noche Israel paso a recogerme a mi casa, ya hacia una semana que me había invitado a una supuesta posada en su departamento, sin embargo el concepto fue cambiado unas horas antes de empezar y total que decidieron reunirse los invitados en un bar, el meridiano 62, al llegar escogimos una mesa de lujo y pedimos dos botellas de brandy Terry, el cual acompañaba con unas gotas de agua mineral. No pasó mucho tiempo cuando empecé a perder la conciencia. Acto seguido desperté en la calle con los pantalones vomitados, sin celular, sin lentes ni dinero, eran las cinco de la mañana, estaba en total estado de ebriedad, no podía recordar lo que había pasado o como era que había terminado en ese lugar, entré a un hotel para pedir el teléfono y llamar a casa pero el recepcionista solo vio un homeless balbuceando y no tubo mas remedio que sacarlo amablemente. Ahí me encontraba yo, miope, sin chamarra, sin teléfono, esperando pasara un taxi, y después de media hora se detuvo uno, le pedí que me llevara a mi casa y al llegar desperté a mi papá para que me prestara dinero para pagarle, no tuve mas remedio que contarle la verdad, después me dijo que me durmiera y que después platicaríamos.

Al despertar lo primero que hice fue llamar a Israel, le platique mi situación y le pregunte que había sido lo que había pasado, él, asustado me respondió que en determinado momento de la noche le pedí que me llevara a casa pues tenia un compromiso semanal con los de mi club nocturno. Después de insistirle por un rato tomó la decisión de acompañarme a tomar un taxi, pues no teníamos carro propio y le pidió al taxista me llevara a mi casa, le dijo aproximadamente por donde, el taxista asintió y me subí. Yo personalmente no recuerdo nada de ese momento de la noche, lo más probable es que me haya vomitado en su carro y amablemente me pidiera que bajara de este.
Ahora tengo que buscar una solución a mis lagunas mentales, pues esta es la segunda vez que me pasa. La primera vez fue en Puerto Vallarta pero esa es otra triste historia de cómo una persona ordinaria se puede convertir en un homeless.

San Luís




Ayer venia manejando por la Av. Lázaro Cárdenas, hacia Tlaquepaque cuando en un semáforo se detiene una camioneta de la CFE a mi lado y el conductor algo despistado baja el vidrio de su ventanilla para preguntarme -¿Disculpe joven, para San Luís Potosí? Algo confundido le respondí con otra pregunta -¿la calle? –no. Dijo el señor, -el pueblo.
Nunca me habían preguntado como llegar a un sitio que estuviera a más de 40 Km. Ya que nos encontrábamos en la ciudad de Guadalajara De distancia, pero para esto después de tratar de comprender lo que estaba pasando lo único que pude decirle fue –pues creo que va en sentido contrario. Señalando con el dedo hacia atrás, -el norte queda para allá. –le dije. Después de que se puso la luz verde la camioneta tomó el carril lateral y poco después vi por el retrovisor como el carro se alejaba hacia su destino.